Querido
diario,
Me fascina la inocencia y la naturalidad de los niños. Dicen las cosas sin pensarlas dos veces y decimos que son crueles por eso, pero en realidad, lo que son es sinceros pues aún no conciben las artimañas de la mentira y el engaño. Con ellos nada está ensayado y sabes que cuando se dibuja una sonrisa en su cara es auténtica. Me gusta la simpleza con la que responden a las preguntas, como razonan, me encanta ver lo limpias y fáciles que ven las cosas, como nos invitan a confiar, a sonreír, como se maravillan de todo lo que les rodea.
¿Y el entusiasmo? ¿No te parece maravilloso que les cueste conciliar el sueño por lo la emoción del día siguiente? ¿por el entusiasmo explosivo de un cumpleaños, una excursión o la compra de un pececito?
Me cautiva la candidez de sus expresiones, no hay intenciones ocultas, su espontaneidad, su capacidad para aprender, para sorprendernos, pero sin duda, lo que más me gusta de la inocencia de los niños es que es contagiosa.
Con ellos reconectas con tu niño interior, vuelves a creer en la vida, a sentir fascinación por la fantasía. De nuevo, crees que los sueños no tienen límites. Eso es fantástico. Haces de la vida un juego, vives sin preocupaciones, haces que los días sean divertidos e intentas no perder nunca la imaginación. De repente, el mundo solo está habitado de piratas, príncipes y princesas, castillos, duendes y gnomos, dragones, caballeros, animales que hablan y crees en los poderes. Es un mundo perfecto en el que vivir aventuras, tener emociones y sobretodo, reír espontáneamente, con franqueza y sin complejos.
Si lo pensamos bien… no entiendo el significado de la educación. En teoría se trata de transmitirles conocimientos, valores, costumbre, formas de actuar. Pero a medida que vamos educando a los niños, conocen la mentira, la soberbia, la arrogancia, los engaños, a compararse con otros niños, enfermedad, dolor, a darle valor al dinero, la pobreza, guerras, armas, hambre, a matar y la muerte. Me parece paradójico, incongruente, absurdo y contradictorio.
Cuando somos niños, no sabemos lo que no sabemos y no nos preocupa no saber, todo el mundo es feliz porque nosotros lo somos, creemos que todo el mundo vivirá para siempre. Pensamos que las chuches son mejor que el dinero, no nos preocupamos de nuestra ropa ni de cómo llevamos el pelo, los enfados, el dolor y las lágrimas se nos pasan en un nada. Lo peor que nos puede suceder es colgar la pelota en un tejado o que nos escojan el último para ser compañero de equipo, no nos importa el tiempo, el dinero, las deudas o las facturas.
Diario, que necios somos los hombres. Si somos felices siendo príncipes y princesas, realmente no entiendo porqué la naturaleza nos castiga a crecer.
"Todo adulto necesita a un niño a quien enseñar, de esa forma aprenden los mayores."